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Ene08

Déficit de Atención. Por la Lic. Cecilia González

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Reflexiones qué tienen como propósito cuestionar a los padres y a los profesionistas

Déficit de Atención. Por la Lic. Cecilia González
Por: Lic. Cecilia González Ortíz
 
 
Muchas veces cuando se habla de problemas de aprendizaje, se hace focalizando la atención en el niño, pocas veces los adultos reflexionan autocríticamente para preguntarse si en el fondo ellos mismos  son el problema, o bien son parte de la solución. 
 
En el mejor de los casos se canaliza al niño con los especialistas en la materia, que no siempre  se encuentran adecuadamente capacitados o provistos por las ciencias de la conducta.  Ellos  mismos se  encargan de rotular a los niños, con lo que los adultos que giran alrededor del mismo pueden descansar. 
 
Un niño que es referido clínicamente para ser atendido por problemas de aprendizaje, muchas veces encierra metáforas dentro de sí, que hablan  no tanto de sus capacidades, como de carencias  sociales, escolares o familiares, que pocas veces son cuestionadas en su conjunto. 
 
Este trabajo propone hacer una reflexión crítica sobre las mediaciones sociales, familiares y escolares que se encuentran detrás de un niño etiquetado como portador de  problemas de aprendizaje, y  sumarnos a la corriente humanista en el abordaje y tratamiento de estos niños en los que más que un diagnóstico o un paciente, los tratamos como seres humanos  que requieren afecto, respeto, confianza  y conocimiento de causa como parte central  del tratamiento terapéutico que se les proporcione.
 
REFLEXION SOCIAL
 
Una de las obsesiones que caracterizan a una importante proporción de padres   de familia en  México, tiene que ver con el brindar a los hijos una educación que les permita ser competitivos en un mundo que de seguro estará como lo está hoy, regido por la sociedad de consumo y el mercado.
 
Esta preocupación no es fortuita, tiene como telón de fondo, más de 20 años de crisis económica, en la que el desempleo, pérdida del poder adquisitivo, cierre de empresas, reducción del gasto público, devaluaciones,  inflación,  etc. forman parte del historial  de todas las familias mexicanas y en las que los efectos han dependido del lugar en que se encuentren las personas y familias dentro de la misma sociedad resultando más afectados los sectores populares y clases medias . 
 
El endurecimiento de la vida que ha traído consigo los desasosiegos económicos, se ha traducido en la dificultad para  cubrir necesidades básicas de salud, educación y vivienda, por lo que  las familias de  diferentes sectores sociales se han enfrentado a esta realidad, con estrategias de sobrevivencia, que van desde la incorporación masiva de las mujeres al mercado de trabajo, aprovechamiento de redes de apoyo social o familiares,  o incluso la utilización de los niños que después de cierta edad, combinan sus tareas escolares con alguna actividad remunerada o bien de plano se ven obligados a abandonar la escuela, resultando más útiles para la familia como fuente de ingresos para el hogar. 
 
Con estas circunstancias, el paradigma educativo, sobre todo en las escuelas privadas,  contrasta con el de hace unas décadas en las que lo importante era formar hijos para la patria. Ahora amparados por el engranaje de la globalización, lo importante es formar hijos para el mercado:  eficientes, productivos y competitivos. Los valores que tienen que ver con la solidaridad social o cooperación no son fomentados de manera prominente, como el individualismo competitivo, que ha sido imitado a usanza del modelo de vida norteamericano.
 
En correspondencia, las empresas educativas, en aras de responder a estas necesidades, ofrecen a los padres perfiles curriculares en los que se ofertan esquemas educativos adoc a sus ansiedades.
 
Las escuelas se enfrentan ante las presiones de cumplir con su tarea educativa, en la que el cumplir el programa se vuelve más importante que los mismos niños. Muchas veces el propio personal docente, sobre todo en secundarias y preparatorias  no tiene ni vocación ni formación pedagógica, eligiendo la docencia como alternativa de sobrevivencia, esto es, dar clases se convierte en la opción de empleo  ante el desempleo o la falta de éxito en sus respectivas carreras.
 
Pero ¿en dónde  quedan los niños cuando en la mayoría de los casos son vistos como un producto en el ámbito educativo? ( que  por cierto es el lugar donde  son reconocidos como sujetos con problemas de conducta o de aprendizaje). 
 
Los niños aprenden de modo natural a reconocerse  en el mundo, utilizan todos y cada uno de los sentidos para tal propósito.  La experiencia es la madre del aprendizaje para ellos. Otra manera de aprender tiene que ver con el hecho de hacer preguntas, que es otra forma de experiencia, Einstein fue el niño que siempre hacía preguntas, sin embargo, al entrar al colegio estas formas de aprender son mutiladas poco a poco.  
 
En el colegio ¿para que experienciar y para que preguntar? si  las respuestas ya están dadas. Existe una historia oficial, una forma unidimensional de ver el mundo,  los niños por ende,  deben de ajustarse a las estructuras existentes. Para ello son sometidos a un proceso de estandarización aplicando  entrenamientos intensos de aprendizaje en los que no falta el niño que se revela ante estos sistemas. Cuando ocurre de esta manera, la normalidad exigida por los tiempos modernos se sirve de la ciencia para poder corregir a los "niños problema". Uno de los diagnósticos que sirven para salvar a los pequeños de la anormalidad tiene que ver con los trastornos del déficit de atención. 
 
A propósito de los fines normalizadores de la ciencia, en el libro Más Platón y menos Prozac de Lou Marinof, se hace la siguiente observación “...Cualquier comportamiento imaginable, puede terminar ocupando su lugar en el DSM, donde será diagnosticado como síntoma de una supuesta enfermedad mental . Aunque la mayoría de estas pretendidas enfermedades mentales que figuran en el DSM jamás se hayan podido demostrar que están causadas por una enfermedad cerebral, la industria farmacéutica y los psiquiatras que recetan medicamentos insisten en identificar tantas “enfermedades mentales” como sea posible ¿por qué? Por las razones de siempre: poder y dinero.  En 1942, la lista de trastornos del DSM-I constaba de 112 entradas. En 1968, el DSM-II recogía 163 trastornos.  En 1980, el DSM-III listaba 224. La última edición, el DSM-IV de 1994, alcanza los 374...”  y continúa el mismo autor, “...Durante la década de los ochenta, los psiquiatras consideraban que uno de cada diez estadounidenses padecía de una enfermedad mental. En la década de los noventa ya hablaban de uno de cada dos” ” . 
En otros casos, sobre todo en medios depauperados urbanos y rurales, los niños no aprenden porque llegan al salón de clases con hambre, con desnutrición, o agobiados por los problemas familiares en los que la violencia doméstica les afecta directa o indirectamente. No son pocos los casos de niñas que tienen que jugar el papel de madres sustitutas, debido a  que la madre tiene que jugar el papel de única proveedora dentro del hogar.
 
REFLEXIÓN FAMILIAR
 
Son muchos  los cambios que han experimentado las familias mexicanas en las últimas décadas. Al aparecer la píldora anticonceptiva, se reduce el número de hijos por familia. Paralelamente  también ocurre una mayor participación económica de la mujer resultado de su incorporación masiva al mercado productivo, que  aunado al incremento de su  escolaridad promedio y sus conquistas a derechos civiles,  producen transformaciones culturales dando lugar a relaciones en las que las mujeres tienen mayor participación en la toma de decisiones en casa aumentando el número de familias jefaturadas por mujeres, en muchos casos madres solteras y no pocas veces adolescentes. Los esquemas de autoridad  patriarcal  se van erosionando no sin fuertes resistencias que se traducen en violencia doméstica u otras formas de violencia de género. Todos estos cambios harán que los niños crezcan en familias más reducidas y con mayor distanciamiento de sus padres . 
 
Los efectos de todos estos  cambios en la vida cotidiana dentro de las familias  son múltiples.
 
En la clase media principalmente,  para los padres educar no es forjar,  es delegar.  Mientras los padres se dedican a sus respectivas actividades, la escuela, los especialistas, las abuelas, la T.V. dispositivos móviles  y hasta las hermanas mayores se vuelven depositarios de una responsabilidad que requiere de acompañamiento y paciencia. La relación entre padres e hijos  cuando ocurre, se lleva en el plano de la intelectualidad,  no desde la emocionalidad ni la intuición. Así las cosas, la voz importante es la de los adultos sobre todo entre más calificados se encuentren. El maestro, terapeuta, ministro religioso, médico o psiquiatra siempre tendrán más que decir que lo que se pueda escuchar u observar de los niños.
 
Por su parte, los juegos infantiles  que apoyaban la maduración de las capacidades biológicas,  psicológicas y sociales, tales como las rondas infantiles, o aquellos que hacían de cualquier terregal, el escenario de juegos que iban desde la cascarita de fútbol, pasando por las nostálgicas canicas, las ya casi fosilizadas matatenas, brincar la reata, cumplían un propósito formativo para el niño. Con el paso del tiempo y al reducirse la cantidad de niños con quien jugar,  aunado a la reducción de espacios de juego, sobre todo entre los niños urbanos, y a la sustitución de juegos tradicionales por los juegos de video y la  T.V. en los que la violencia ocupa un lugar destacado, han producido  sedentarismo infantil. Por supuesto que existen los niños sobre todo de clase media que tienen actividades extraescolares, por las que pagan como el Karate, música, natación etc.
 
Los padres que por lo regular ya son padres estandarizados, en lugar de acompañar y dedicarse a reconocer a sus hijos,  conocer su mirada y sus preguntas sólo miran y escuchan resultados intelectuales.
Todo esto nos lleva a la siguiente reflexión: ¿hasta qué punto los problemas de aprendizaje y  el trastorno del déficit de atención no es otra cosa que una respuesta sistémica  a las rígidas estructuras familiares, escolares y sociales, que no son capaces de dar respuesta a las necesidades profundas de los niños?. A diferencia de antaño, en los que juego, afecto y buena nutrición eran básicas para su desarrollo.
 
En nuestro lugar de trabajo el GRUPO C.Y.R. S.C. desde su fundación hace 30 años, donde atendemos a  niños con problemas de aprendizaje y sus familias, hemos aprendido gracias a todos nuestros pacientes, que del 100% de consultas que nos hacen por “problemas de aprendizaje” solo el 10% pueden considerarse realmente problemas en el desarrollo cognitivo, ya sea por causas neurológicas, tales como; deficiencia mental, P.C.I. , retraso en el desarrollo del lenguaje,  o  retraso psicomotor.
 
El resto se debe más a problemas del entorno que a dificultades inherentes al niño y su desarrollo intelectual, tales como ; hogares disfuncionales y/o errores en los métodos de enseñanza aprendizaje.
 
REFLEXION INDIVIDUAL
 
Los niños que ingresan a nuestro centro, generalmente son canalizados por la escuela. Los motivos por los que nos los mandan son por diversas causas:
  • Déficit de atención. (Actualmente es la más común).
  • Inmadurez.
  • Problemas en la lectura y en la escritura.
  • Bajo rendimiento académico.
  • Problemas de lenguaje.
 Al realizar una evaluación completa, nos encontramos con que aproximadamente un 10% de los niños presentan un problema “real” de aprendizaje, ejemplos:
 
Déficit de atención:
 
Actualmente el déficit de atención es el problema que está de “moda”: todo niño que no permanece sentado en su lugar por tiempo indefinido, que no mantiene la vista pegada ya sea al maestro o al pizarrón, que voltea a hablar con alguno de sus compañeros o que decide que en ese momento no quiere trabajar, necesita ir a consulta con el neurólogo para que lo medique o a algún tipo de terapia para que logre centrar su atención. (Visto desde esta perspectiva, todos necesitaríamos ser medicados o tendríamos que asistir a terapia). 
 
Sería muy útil que revisáramos los criterios para el diagnóstico de trastorno por déficit de atención.
 
La definición que hace el DSM IV  de este comportamiento define criterios de diagnostico en donde indica que debe haber seis o más síntomas que hayan persistido durante 6 meses mínimo para considerar que existe  un trastorno por déficit de atención.
 
A la letra dice:
 
A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.
A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.
  • A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos, u obligaciones en el centro de trabajo
  • A menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades
  • A menudo evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren esfuerzo mental
  • A menudo extravía objetos
  • A menudo se distrae muy fácilmente
  • A menudo es descuidado en las actividades diarias.
Si hacemos una reflexión sobre esta descripción enseguida nos daremos cuenta que la expresión a menudo nos incluye a todos. 
 
Nosotros no negamos que muchos de los niños que nos llegan presentan conductas propias del déficit de atención como pueden ser: evitar las tareas que requieren esfuerzo, perder cosas que necesita, distraerse ante cualquier estímulo externo, mala organización, descuido en las actividades, cometer muchos errores pero también es cierto que el problema se va agravando cuando ni los padres ni la escuela se asesoran por algún especialista con una visión integral para  que de manera efectiva apoye al niño y a la familia. Por ejemplo: los niños que presentan estas características requieren de estímulos o actividades llamativas y novedosas ya que con  tareas repetitivas su rendimiento disminuye. Tanto en la escuela como en la casa, las planas de tarea que tienen que realizar son interminables por no haberlas hecho en el momento y el tiempo requeridos.
 
Y algo que no podemos dejar de comentar es que muchos de estos niños comienzan a presentar estos síntomas cuando la familia no está bien estructurada ni organizada y no existen reglas claras en el funcionamiento familiar.
 
Inmadurez:
 
Nos referimos a inmadurez en el desarrollo psicomotriz, perceptual o lingüístico.
 
Aunque el proceso de maduración es propio de cada individuo, los medios tanto escolar  como  familiar son factores que influyen en gran medida: Si un niño se pasa horas enteras sentado frente a la televisión o a la computadora, menos oportunidades tendrá de a través de la experiencia, desarrollar sus habilidades.       
 
Problemas en la lectura y la escritura:
 
 La preocupación tanto de los padres como de la escuela es que el niño aprenda a leer lo más pronto posible sin tomar en cuenta que para que  se encuentre en condiciones de leer necesita tener una maduración sensoperceptiva y un desarrollo lingüístico adecuado, lo cual le permitirá manejar mejor las relaciones espacio- temporales y comprender las representaciones visuales y las auditivas.
 
Bajo rendimiento académico:
 
Las mismas dificultades para leer dejan como consecuencia un bajo rendimiento escolar y desencadenan en el niño problemas de conducta y de adaptación.
 
Problemas de lenguaje:
 
Este es el tipo de problema por el cual el niño es canalizado por la escuela y que generalmente coincide con el resultado de la evaluación que nosotros realizamos. Dicho problema puede deberse, ya sea por la dificultad del menor para articular algunos fonemas o para la correcta estructuración de su lenguaje.
 
El 85% de los niños que atendemos que a pesar de contar con buen rendimiento intelectual y buenas condiciones para realizar su escolaridad en forma favorable, fallan en las materias académicas es debido a alteraciones emocionales.
 
Nos gustaría relatar casos en los que los padres acudieron al centro porque sus hijos presentaban problemas de aprendizaje y nos encontramos con que dichos problemas eran la consecuencia o el reflejo de alteraciones emocionales. 
 
Caso 1:
 
Se trata de un chico de 13 años,  que está cursando el primer año de secundaria. La madre, que es la que asiste a la entrevista, nos comenta muy angustiada que su hijo de repente tiene serios problemas para aprender. Los primeros meses en la secundaria iba muy bien pero de un mes a la fecha su rendimiento bajó notoriamente (Lleva 6 materias reprobadas). Al cuestionar a la madre de sí había sucedido algo relevante en este periodo de tiempo, ella comento que no,  pero en el proceso de la entrevista relató que era madre soltera, que el niño no conocía al padre lo cual no le afectaba aparentemente, sin embargo. a una tía el chico le comentaba que en cuanto creciera iba a buscar al padre para matarlo. Coincide el inicio de su “bajo rendimiento” con una visita a un consultorio médico, en el que se encuentran padre e hijo. La madre le pide al chico que observe al hombre que esta sentado frente a él sin decir más. Al salir le comenta: “¿Querías saber  como es tú padre?. Pues el hombre que te pedí que observaras es tu padre”. 
 
En el proceso terapéutico el chico empieza a cuestionar toda  su historia mostrando aversión a  su núcleo familiar, que no había sido honesto con él, y su actitud ante el colegio fue la manera más efectiva de expresar su enojo.  A la madre  le ha sido difícil conectar el hecho del bajo rendimiento escolar, con los cambios propios de la adolescencia y el encuentro con el padre biológico, proceso que se esta trabajando. 
 
Lo que puede hacer la terapia familiar, y concretamente en los trastornos del déficit de atención lo explicitaremos con el caso de Angel:
 
Los padres del menor solicitaron una valoración psicométrica y psicoproyectiva para su hijo de 4 años, debido a que manifestaba dificultades en las relaciones interpersonales con su familia y su grupo de pares en la escuela. El menor se mostraba agresivo e irritable, no obedeciendo órdenes y por lo tanto no atendiendo a instrucciones escolares, ni a reglas familiares, además de distraerse con facilidad y agredir a sus compañeros.  El menor acude a nuestro centro después de consultar a un neurólogo, un psiquiatra y una psicóloga los cuales coincidían en el diagnostico de  trastorno de déficit de atención.  Al hacerle la valoración se detectan problemas en el funcionamiento familiar, sobre todo en el Holón conyugal, donde el padre aún no ha logrado dejar de ser hijo y convertirse en esposo y padre. Existían reglas difusas y poco consistentes, con la jerarquía invertida. Se detectan sentimientos de ansiedad y agresividad, búsqueda de la autoestima, así como miedo, rechazo y depresión.  El menor percibe un ambiente familiar ambivalente que le ofrece poca protección, evade conflictos, conducta que fue aprendida del padre.
 
Se decide trabajar con la familia y no comprar la etiqueta de déficit de atención, se usa el modelo estructural y externalización del problema, para brindar al niño y a la familia constituida por los padres, el niño y una hermana mayor de 9 años, la oportunidad de co-construir una estructura familiar funcional a las necesidades de sus miembros con reglas claras, con la jerarquía restablecida y con padres asertivos y directivos. En el proceso terapéutico se incitó a los padres a tomar responsabilidad sobre sus actitudes y sus emociones, promoviendo la creatividad, para conocer a sus hijos y responder así a las necesidades emocionales de los mismos.  El crecimiento personal fue una tarea en donde se puso foco e intensidad, valorando los recursos de cada uno de sus miembros, y utilizándolos para su desarrollo emocional, etiquetándolos y resignificando a los padres como la medicina más potente para sus hijos.
 
Pedimos autorización a los padres para contar su historia, haciendo hincapié en que no utilizamos los nombres reales, pero ellos nos pidieron usar el nombre real de su hijo Angel, porque consideraban que el niño había actuado como un “angelito” para que ellos aprendieran a crecer como seres humanos, como esposos y como padres.  
 
CONCLUSIONES:
 
Esta reflexión tiene como propósito cuestionar a los padres y a los profesionistas que tratan con niños sobre los diagnósticos o rótulos emitidos acerca de ellos. Y sensibilizar en el sentido de que los niños tienen más recursos personales de los que nos imaginamos desde nuestro punto de vista de adultos, para enfrentar el aprendizaje, con éxito a pesar de un mal maestro, de un mal método y de la poca atención emocional de los padres. 
 
Cuando podamos observar con  emocionalidad y empatía a los niños,  podremos darnos cuenta que no todas las etiquetas son autenticas y que lastiman la autoestima, que no son útiles en la formación de un ser humano y que solo  contribuyen a la discriminación intelectual y no a la aceptación en su diversidad del otro, aunque este otro sea nuestro hijo
 
Agradecemos a:
 

Fuentes:
  • ESTRADA I. Margarita. 1995. Familias en la crisis. México, Ciesas 1999. p.p. 102
  •  AVILES, Karina.  Los niños de  las coladeras. México, La Jornada, 2001. p.p. 162
  • MARINOF, Lou.  Más Platon y menos prozac. España, SQN, 2000, p.38
  • [1]CEPAL, Cambios en el perfil de las familias, la experiencia regional. Santiago, ONU, 1993. P.P.434
 

Comentarios (1)

  • Laura

    11 Agosto 2014 a las 05:01 |
    Muy interesante el artículo, de verdad necesitaba leer algo de esto.

    Gracias

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